Hallelujah :: sábados musicales x 3

De lunes a viernes suelo desayunar con gente de gran sabiduría y de dudosa reputación, en un bar de la Vila Olímpica que mimetiza muy bien con la fama de mis tertulianos. Ayer, en el zenit del desayuno, cuando estaba por pedirse la segunda vuelta de cafés, alguien dijo el mítico y maravilloso nombre de Jeff Buckley. Hubo quien se puso de pié, y alguien más, me confesó en voz baja y casi avergonzado, que se le había puesto la piel de gallina.

En el frenesí de la charla, hubo intercambios de datos, temas, discusiones de como había muerto, listas de Spotify, y la inexorable e inevitable mención del bueno de Leonard Cohen. Entonces hubo otro momento de pié.

Y en éste preciso momento fue cuando decidí que tema pondría hoy, fue un momento mágico, fue inspirador, fue un destello de luz, «». Así que decidí poner al enigmático Jeff Buckley y al maestro Cohen. Pero mientras estaba en trance escuchando éstas dos maravillas, empecé a escuchar una vocecita que me decía: «Shrek, es el tema de Shrek», era Matilda que al escuchar la canción vino corriendo para avisarme que era un tema de la película. Entonces accedí (en realidad me obligó) a poner la versión, magníficamente ejecutada en el piano, de Rufus Wainwright.

Gracias chicos por este glorioso momento.

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